En la asignatura de cultura y
valores de 4º de ESO A se da un ambiente un poco distinto al de las demás clases.
Mientras que en la mayoría de grupos, tanto de bachillerato como de ESO, son conformados
por alumnos generalmente tímidos que tienen grupos herméticos, pero no
enfrentados, y siempre dispuestos a socializar entre ellos una vez se rompe el
hielo, en esta clase los grupos formados por los alumnos parecen ser mucho más
firmes que los demás y ligeramente más conflictivos entre ellos: no solo es la
timidez lo que suele impedir que dos grupos de amigos interaccionen, sino que a veces hay cierto rechazo.
Durante la actividad de
evaluación (similar a la de ejemplos anteriores) las notas que se ponen los
alumnos a sí mismos y entre ellos levantan muchos murmullos, comentarios y hasta
quejas en alto.
Una de las alumnas de clase destaca
por ser de las figuras más extrovertidas de la clase: habla con todo el mundo,
participa activamente en cada actividad y, debido a esto, habla cuando no toca y
distorsiona la clase. Ella misma valora su intervención en clase con una nota
alta (8) debido a que considera que ella tiene un papel protagonista, que es proactiva y anima a otros a participar; sin embargo, al terminar
de defenderse comenta por lo bajo ‘’no sé para qué digo nada, si me van a joder
igual porque les molesta que hable tanto’’. Acto seguido sus compañeros
arguyen que merece una nota mucho más baja (5) porque aunque participa, ellos parecen
no valorar tanto su actitud positiva respecto a la asignatura y enfatizan que a
veces interrumpe y habla demasiado; la alumna comenta que ‘’ya lo sabía’’ y se
muestra triste y frustrada por el rechazo recibido por parte de sus compañeros,
porque la nota baja no es una valoración objetiva, sino que entra en juego un
factor social: que a algunos compañeros les molesta lo ruidosa que puede ser su
extroversión.
Me resulta muy interesante comparar este caso con el de las otras clases de la ESO, donde se ha seguido el mismo método de evaluación, ya que en general la nota que se pone cada alumno dista de la nota que le pone el grupo clase muy levemente, siendo medio punto y un punto de diferencia lo más usual, cuando en este ejemplo la diferencia que se da es de tres puntos.
Finalmente, el profesor le da una
nota y, a diferencia de con todos los demás alumnos, la nota del profesor no es
la más baja: él le da un 6.5, el cual contrasta mucho con el 5 que la clase ha
acordado para la alumna. La nota que los compañeros ponen de esta alumna es
tirando hacia la baja, cosa muy anómala puesto que la tendencia general en el resto
de notas es la contraria; por tanto se observa que esto es causado por
ciertos roces y conflictos sociales entre los alumnos.
Después, cuando otros alumnos se evalúan a sí mismos con notas altas y la clase coincide, esta alumna y sus dos amigas
más íntimas se quejan de que ‘’No es justo, se portan peor que yo e intervienen
menos. Me han puesto esta nota porque soy yo, porque estamos enfadados’’.
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