La clase de Sociología de 2º de
bachillerato es una de las más interesantes en cuanto a la motivación del alumnado.
El formato de la clase (centrada
en el debate) da voz a los alumnos, los hace sentir importantes,
oídos y valorados, lo cual los predispone positivamente a argumentar y defender
sus opiniones.
Así mismo, uno de los puntos
fuertes de la clase es que vira alrededor de temas de actualidad, lo que aumenta
la significatividad del aprendizaje al vincularlo a múltiples situaciones
prácticas y darles un sentido; además son temas relacionados con luchas sociales,
ámbito con el que los adolescentes tienen un enorme compromiso, así como una
visión innovadora e importante en tanto que disponen de mucha creatividad y
nuevas habilidades (capacidad crítica, formal…) que están explorando y
ejercitando (de ahí que encuentren en sus nuevas capacidades
cognitivas una excusa para la llamada <<prepotencia adolescente>> que a veces se observa en los debates de sociología cuando algún alumno parece hablar como si creyese que su opinión es la verdad absoluta).
Durante una de las clases se habló del tema trans,
haciendo preguntas respecto a si los sentimientos subjetivos deben tener, como
consecuencia, un reconocimiento social y hasta legal; a partir de ahí, la clase
derivó en la lectura de una noticia de un hombre que quiere cambiarse la edad
porque se siente más joven, lo que encauzó el debate hacia la pregunta de qué
significa <<construcción social>> y de qué nivel de realidad se encierra en ella.
De ahí se destacó el tema de la
misoginia, lo cual implica que el interés de los alumnos, el énfasis que ponen
en una perspectiva de una temática y no otra, redirige la asignatura hacia
lugares muy interesantes, pero distintos al que inicialmente había planeado el
docente.
Como respuesta, el docente trae
el próximo día un artículo sobre los incels, lo cual permite hablar de
las construcciones sociales y, a la vez, del tema de la misoginia. La clase
dirige el debate hacia los efectos del internet y la realidad virtual respecto
a la realidad tradicional y el tema sigue, en la próxima clase, guiado por un
artículo sobre las waifus.
Esa clase queda un poco
desdibujada: se habla de obsesión y amor, sus diferencias, sus similitudes, y finalmente
se vuelve al tema de la misoginia y de cómo la forma en que la mujer ideal es
representada en el anime perpetúa prejuicios machistas y hace que los
hombres se basen en ficciones hechas para el consumo masculino para esgrimir una norma opresiva respecto a cómo deberían ser las mujeres reales.
De ahí sale el tema de la pornografía,
de la mirada masculina y la cosificación de la mujer. De ese modo, se declara
este como el tema de la próxima clase.
Es muy interesante ver como se
logran tocar tantísimos temas de impacto actual, como se expresan opiniones diversas
y siempre muy bien argumentadas, en una clase donde el docente parece estar casi al margen: modera el debate y trae recursos (noticias, citas…) para
avivarlo. En este sentido, el docente toma una figura de guía y es el alumno
quien se vuelve el centro de la educación. Si bien es cierto que la idea del alumno como foco central de la educación atraviesa todas las clases de este instituto, esta clase concreta encarna muy ejemplarmente este principio puesto que tiene unas
condiciones idóneas para una motivación y participación alta de los alumnos que los permita convertirse en los protagonistas del aprendizaje (ratio muy baja porque
es una optativa, no hay un currículum fijo que limite perniciosamente los temas
tratados, temas que interesan a los adolescentes, etc.).
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