La clase de filosofía de 4º de bachillerato inicia con el profesor preguntando quién ha hecho los deberes; estos consistían en un comentario filosófico de un texto, el primero que estos alumnos han hecho y el que debe marcar cuál es el nivel de la clase en general.
Cuando el profesor ha pasado mesa
por mesa, comprobando quien había hecho el trabajo y quien no, una alumna ha
preguntado si no va a recogerlo para corregirlo y él ha dicho que no quería recoger
nada, por lo que los alumnos se han quejado de haber tenido que hacer el trabajo
‘’para nada’’.
Después de eso, el profesor ha
hecho varias intervenciones al respecto que creo que son muy importantes, ya que
muestran cuál es su enfoque sobre la educación y qué consecuencias tiene esto en
su práctica docente.
El profesor ha dicho:
‘’Lo importante es que lo has
hecho y qué has descubierto con ello, no que yo lo recoja y lo puntúe. Importa
que has trabajado y aprendido, eso es la educación. La nota, la entrega y demás
son cuestiones formales del sistema educativo, pero no es lo esencial. La nota
no refleja totalmente lo que alguien aprende, lo que incorpora en su vida en términos
de habilidades, competencias, saberes. No os preocupéis por tener un suspenso después
de haberos esforzado, porque eso no os lo va a quitar nadie. Es normal que
queráis reconocimiento de los profesores, ya llegará si os seguís esforzando,
pero empezad por reconoceros vosotros mismos el esfuerzo que habéis hecho’’
Tras eso, el profesor indica que
no le interesan los textos bien hechos por ahora, sino los mal hechos, porque desde el error empezamos el aprendizaje, así que hace leer en alto las
redacciones que ha visto de más bajo nivel; el objetivo no es humillar al
alumno, sino grupalmente debatir cómo podría haberse hecho mejor. Esto es muy
importante, ya que el alumno aprende no solo del profesor, sino de los otros
alumnos, de forma que todos se benefician de la diversidad de niveles en la
clase.
Del mismo modo, el profesor
muestra respeto hacia los alumnos: escucha sus intervenciones y les da validez.
En esa misma clase, de hecho, el profesor descubre que ha cometido un error y puntuado
injustamente a un alumno, a lo que le dice: ‘’No soy infalible. Si yo me
equivoco, tú defiéndete’’. Esto no solo muestra que el profesor está abierto al
diálogo, sino que además implica una enseñanza para la vida: la necesidad de
defenderse, de poner límites, de luchar por uno mismo. Y esto es de vital importancia,
puesto que la educación implica hacer un aprendizaje no solo para el examen,
sino para la vida.
Finalmente, la clase termina con
la lectura de un comentario de texto de una de las alumnas que lo han hecho
excelentemente. Esto, además de ser muy útil porque su comentario sirve como
modelo, aumenta muchísimo la motivación de la alumna y su autoestima debido a
reconocimiento que recibe de sus compañeros (de sus iguales, cuya opinión es imprescindible
para la formación de la identidad del adolescente) y del profesor, que le da la
enhorabuena por su redacción y las gracias por leerla.
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