En la clase de cultura y valores de 4º de la ESO el primer elemento que me sorprendió gratamente es el uso de recursos tan sencillos como las sillas y el espacio del aula para hacer una dinámica: los alumnos retiraron las mesas y formaron un círculo con sus sillas, de forma que todos se veían a todos sin obstáculos, para hacer una actividad grupal.
La actividad se basaba en que
cada alumno debía describirse a sí mismo y luego al compañero de al lado,
incluso si no lo conocía, resaltando aspectos positivos y negativos de forma
respetuosa; luego se hacía una breve reflexión grupal sobre los beneficios de
ciertos aspectos y sus peligros.
La dinámica de grupo estaba
orientada a ver cómo todos juzgamos los aspectos positivos y negativos de los
demás mediante valores, ya que esto forma parte del temario de cultura y
valores, pero además de estos contenidos conceptuales, la dinámica de grupo
también promovía los valores mismos del centro (compañerismo, igualdad,
respeto…) y los contenidos actitudinales que implican (cohesión de grupo, por
ejemplo).
Durante la actividad se mencionaron
rasgos de personalidad como la impulsividad o ser influenciable,
característicos de la etapa adolescente, cosa que el profesor aprovecha para
tratar comprensivamente ciertas angustias y problemáticas adolescentes,
mostrándose como una figura de apoyo que, además, aporta una mirada positiva (ya que no se demonizan los comportamientos característicos del alumnado) y
forma un ambiente de confianza. Además, el profesor advierte de los peligros de
estas conductas y varias compañeras se muestran preocupadas por como cambia la
personalidad de un chico de clase alrededor de ciertas influencias, lo que da
pistas al profesor para que esté atento y comente el tema en una reunión
futura.
Cuando dos compañeros no se
conocen, el profesor intenta buscar puntos en común entre ellos: dos chicas que no habían hablado nunca, pero que llevaban dos años juntas en clase descubrieron que compartían pasión por
la danza. De esta manera, apremia el contacto social y la unicidad del grupo-clase.
Además de eso, el ambiente se
torna de mayor comodidad mediante bromas, pero también de apoyo y compañerismo
al discutir problemas que los atraviesan a todos (se habla sobre el alcoholismo y la presión social, por ejemplo) y
crear un ambiente donde se dicen cosas buenas los unos a los otros y se
hacen críticas constructivas desde la preocupación y el respeto. Esto, además,
ayuda a un mayor desarrollo de la empatía.
El ambiente de diálogo entre
alumnos y profesor ayuda a los alumnos a sentirse tenidos en cuenta y
escuchados y también a abrirse a los demás. La clase, poco
participativa al inicio y escindida en cuatro o cinco grupos herméticos de
amigos y un par de alumnos solitarios, se va abriendo, generando una mayor
sensación de pertenencia a un grupo más amplio y reforzando la idea formar
una identidad grupal sin excluir a nadie.
Un apunte muy importante a
realizar es que gracias a la dinámica una chica que previamente no conocía a
sus compañeros terminó hablando con uno de ellos en el cambio de clase y lo
mismo pasó con un chico con autismo que previamente había mostrado problemas de
socialización; él, en específico, terminó hablando con el compañero de clase
que lo describió con características muy positivas, haciéndole así sentir
aceptado.
En la clase también se trata la idea de la identidad y de cómo en la adolescencia los alumnos están luchando por definirse a sí mismos a través de sus iguales. Se menciona la posibilidad del cambio, la evolución y la mejora, animando a los alumnos a interaccionar más entre ellos incluso cuando hay reticencia para que nadie quede excluido. Tan pronto como el profesor menciona esta vertiente positiva del cambio, los alumnos que llevan más años juntos empiezan a hacer comentarios sobre cómo muchos de los alumnos más disruptivos de la clase ''han mejorado muchísimo'' respecto a cursos anteriores. El profesor les da la razón y añade que sabe que todavía pueden mejorar mucho más, animándolos a cambiar para bien. Durante toda la dinámica, por tanto, se premia y acompaña la introspección, así como la emisión y recepción de críticas constructivas para el crecimiento personal.
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