En las clases de segundo de bachillerato, donde el temario, los criterios y tipos de evaluación están orientados y limitados por el modelo de los exámenes de selectividad y el docente tiene menos libertad y tiempo para hacer dinámicas de clase que hagan el aprendizaje más significativo, el aprendizaje con actividades grupales, reflexiones de clase o debates es nulo, sin embargo, hay varios ejemplos que me han llamado la atención de cómo los docentes tratan de establecer un diálogo e implicar al alumnado en el temario pese a las condiciones adversas.
Las clases son en su mayor parte
magistrales debido a que es lo que el modelo de PAU exige para poder abastar
todos los contenidos, sin embargo, el profesor siempre aporta herramientas que
dan un sentido al aprendizaje y aumentan la motivación. Por ejemplo:
-Durante las clases de
Aristóteles, los términos de acto, potencia, sustancia, esencia y las cuatro
causas se dan en paralelismo (mediante un esquema visual en la pizarra) con
autores ya estudiados antes: Tales, Pitágoras, Empédocles, Platón
y especialmente Parménides y Heráclito. Esto ayuda a establecer una conexión
significativa entre el nuevo aprendizaje y los previos.
-Se usan las herramientas
conceptuales (potencia, acto, …) para pensar situaciones cotidianas; el
profesor introduce la noción de cambio y explica cómo Aristóteles puede ser
útil para que los alumnos reflexionen sobre los grandes cambios físicos y
psíquicos que les acontecen en la adolescencia en tanto que una realización de su ser.
-Además de esto, el profesor
introduce conceptos mediante ejemplos, pidiendo a los alumnos que grupalmente
deriven, de estos ejemplos concretos, una definición formal.
-Se plantean preguntas de
reflexión que van más allá del texto (Aristóteles habla de la potencia y el
acto, Antonio pregunta si existe un ser de acto puro o potencia pura y, luego,
si todo lo que hay en la realidad es, propiamente dicho, o si está
realizándose, si para que algo sea ontológicamente real debe estar en acto, etc.).
Esto estimula la curiosidad y propone un reto a aquellos alumnos que podrían
sentirse aburridos si el temario se redujese al mero comprender el texto y no
ir más allá de él.
-Mientras Antonio está explicando
las tres primeras causas de la teleología aristotélica, pide a los alumnos que
piensen en cuál puede ser la cuarta causa que falta, dejando que piensen
colectivamente hasta descubrirla ya que, de lo contrario, el profesor dice que
no revelará cuál es la respuesta hasta la próxima clase. Ese dejar en suspenso
a la clase aumenta mucho la curiosidad intelectual y hace que, al final de la
clase, los alumnos empiecen a participar más que durante la hora anterior y
hasta a hacer investigaciones fuera de clase.
-Cuando los alumnos preguntan qué
es el movimiento, Antonio cita a Aristóteles: ‘’Acto de la potencia en cuanto a
tal potencia’’. Cuando los alumnos preguntan ‘’¿Puedes explicarnos qué
significa eso?’’ él responde ‘’¿Podéis vosotros explicármelo a mí?’’. Esta,
para mí, es una de las preguntas más poderosas que el docente puede hacer: es
una clara representación de la lucha ranceriana contra la lógica explicativa,
que eterniza y crea ella misma la distancia entre ignorante y maestro al
intentar salvarla con una explicación, presuponiendo la incapacidad del alumno.
Hacer la pregunta de si ellos pueden o no explicar algo implica abrir la
posibilidad empoderante de que el alumno se sienta capaz. Tras esa pregunta, la
participación de la clase, antes reducida a dos personas, aumenta: participaron
seis chicas y cinco chicos y, finalmente, con la ayuda de unos y otros,
lograron desgranar el significado de la frase.
-Para explicar mejor el concepto
de acto y potencia, el profesor recurre al un método interdisciplinar, citando
a Unamuno (‘’Vivir es el asesinato de mis yoes posibles’’). Este recurso
suscita interés en la clase y vincula la filosofía con la literatura, cosa que
hace a los alumnos reflexionar más allá de las restricciones de una materia concreta.
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